DISEÑO ¿QUÉ ES?

 

Por Nacho Lavernia y Manuel Lecuona. Fuente: Capítulo 1º, «El valor del diseño», 2008, ADCV (Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana).

 

Cuando vemos el diseño desde ópticas culturales, sociales o puramente profesionales podemos definirlo de muy diversas y complejas maneras, en función de los intereses de quien lo define y de los matices que cada óptica impone. Pero desde un punto de vista neutro podríamos definirlo como la disciplina proyectual cuyo fin es definir las características formales y estructurales de un objeto para que pueda ser reproducido por medios industriales*. En esta definición no entran nociones éticas, ni estéticas. De la misma manera, el diccionario al definir una actividad muy cercana al diseño, como la arquitectura, dice de ella que «es el arte de proyectar y construir edificios», sin hacer ningún juicio de valor. Sin distinguir entre buena o mala arquitectura. Tanto lo es el edificio de vanguardia como el hotel hortera en primera línea de playa. Otra cosa es el interés que cada uno de estos edificios pueda tener para quien lo analiza, o para la sociedad en su conjunto.

Cuando alguien esta definiendo (mediante técnicas de representación, planos, bocetos, maquetas…) como va a ser un objeto fabricado o reproducido por medios industriales está haciendo diseño. Y tan diseño es el de la ropa o el zapato como el del coche, la lavadora o el cartel. Se ha popularizado la diferenciación entre objetos sin más y objetos de «diseño», pero carece de fundamento. Todos están diseñados. Aunque muchos de ellos se hayan originado sin el proceso proyectual mínimo exigible. Pero de una u otra manera alguien ha tomado una serie de decisiones que han predeterminado como sería el resultado. Se trataría, en estos casos, de un proceso de diseño casi inconsciente, pero diseño al fin y al cabo. Así visto, el problema radica en el rigor y la capacidad con que se enfoca y desarrolla el proyecto. Lo que, en teoría, debería de darnos una diferencia más pertinente entre objetos bien o mal diseñados.

El diseñador André Ricard en su obra «Hablando de diseño» establece una distinción «entre la ingeniería, que se ocupa de la relación de las cosas con las cosas, de mecanismos entre si, y el diseño, que se cuida de las relaciones de las cosas con el hombre y de los hombres con las cosas». Quizá pueda parecer algo simplificador, pero esta apreciación hace hincapié en una de las características principales de la actividad del diseñador, dispuesto siempre a considerar, desde el inicio del planteamiento de cualquier proyecto, al usuario final como el destinatario principal de su trabajo. Todas las metodologías de diseño, más o menos explícitas, parten de ese principio. Y quizá sea este enfoque el que obliga a que el diseñador sea un profesional generalista, necesitado de tener conocimientos en muchas áreas, desde las técnicas hasta las humanísticas, como veremos enseguida cuando hablemos del proyecto de diseño.

* (El propio libro al comienzo de este primer capítulo aclara que cuando se usa la palabra objeto se refieren no sólo al producto tridimensional propio del diseño industrial sino también a piezas de comunicación tales como libros, carteles, catálogos, páginas web o identidades corporativas y sus aplicaciones, es decir incluyendo todos los productos propios del diseño gráfico).

 



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